Cuando un navegador muestra una página web, decenas de sistemas físicos y lógicos cooperan en unos pocos milisegundos. Comprender cómo funciona Internet implica mirar más allá de la pantalla: cables submarinos, protocolos de enrutamiento, servidores distribuidos en varios continentes. La distribución del tráfico mundial ha cambiado de naturaleza en los últimos años, y los datos recientes muestran que la mayoría de los flujos ya no provienen ni siquiera de usuarios humanos.
Distribución del tráfico de Internet mundial: quién consume realmente el ancho de banda
| Tipo de tráfico | Parte estimada en 2024 | Parte estimada en 2025 |
|---|---|---|
| Redes de contenido y cloud (Google, Meta, AWS, etc.) | 73 % del ancho de banda internacional | Aproximadamente 75 % |
| Tráfico web automatizado (bots) | 51 % del tráfico web total | 53 % del tráfico web total |
| De los cuales bots maliciosos | 37 % | 40 % |
| Tráfico HTTPS con intercambio de claves post-cuántico | Aproximadamente 2 % (marzo de 2024) | Aproximadamente 52 % (finales de 2025) |
Estos datos, provenientes respectivamente de TeleGeography, de los informes de Thales/Imperva y de Akamai, dibujan una red de Internet cuya estructura se aleja de la imagen de un espacio donde millones de individuos navegan libremente. Los grandes proveedores de contenido y de cloud concentran tres cuartas partes del tráfico internacional. El tráfico automatizado ahora supera al tráfico humano.
Para profundizar el funcionamiento de internet en CGI Network, es necesario tener en cuenta estas proporciones: condicionan la manera en que se dimensionan los protocolos, el enrutamiento y las infraestructuras físicas.

Cables submarinos y topología física de la red
Internet se basa en una malla de cables de fibra óptica colocados en el fondo de los océanos. Su diámetro es comparable al de una manguera, pero su longitud acumulada supera el millón de kilómetros. Esta infraestructura asegura la transmisión de datos entre continentes.
Puntos de vulnerabilidad geográficos
Los cables convergen hacia cuellos de botella: estrecho de Malaca, mar Rojo, mar Báltico, aproximaciones a Taiwán. Incidentes recientes, incluidos cortes en el mar Báltico, recuerdan que la topología física sigue siendo frágil.
- En el mar Báltico, se han documentado varios casos de daños en cables submarinos desde 2023, algunos atribuidos a anclas de barcos, otros objeto de investigaciones por sabotaje.
- En Camerún, cortes de fibra óptica terrestre han puesto de manifiesto la dependencia de algunos países africanos de un número limitado de enlaces.
La redundancia de la red, a menudo presentada como una ventaja heredada del diseño militar original, alcanza sus límites cuando varios enlaces caen al mismo tiempo en una misma zona. El enrutamiento de datos hacia caminos alternativos funciona, pero con una degradación notable del ancho de banda y de la latencia.
Protocolos de comunicación: cómo circulan los datos
Cada dispositivo conectado a Internet utiliza una dirección IP para ser identificado en la red. Los protocolos TCP/IP dividen los datos en paquetes, los envían por rutas diferentes y luego los reensamblan en el destino. Este mecanismo de enrutamiento es el corazón del funcionamiento de Internet.
Cifrado post-cuántico y evolución de los protocolos HTTPS
Akamai informa que la parte del tráfico HTTPS humano protegido por un intercambio de claves híbrido post-cuántico ha pasado del 2 % al 52 % entre marzo de 2024 y finales de 2025. Esta transición, llevada a cabo sin que la mayoría de los usuarios se percaten, modifica la capa de seguridad de los protocolos de transmisión.
El paso al cifrado post-cuántico responde a una amenaza precisa: ordenadores cuánticos capaces de romper los algoritmos actuales. Los navegadores y servidores adoptan intercambios de claves híbridos que combinan un algoritmo clásico y un algoritmo resistente a ataques cuánticos. La transición se lleva a cabo del lado del servidor y del navegador, sin acción del usuario.

Bots y tráfico automatizado: la cara oculta de la conexión diaria
Los informes de Thales/Imperva indican que el 53 % del tráfico web en 2025 provenía de software automatizado. Entre ellos, los bots maliciosos representaban el 40 % del tráfico total, frente al 37 % un año antes.
Esto significa que una de cada dos solicitudes procesadas por un servidor web no corresponde a un humano que consulta una página. Los robots de indexación de motores de búsqueda, los scrapers de precios, las herramientas de inteligencia artificial que recopilan datos de entrenamiento y los bots de ataque (credential stuffing, DDoS) ocupan una parte creciente del ancho de banda.
Sin embargo, el tráfico humano sigue siendo predominante en ciertos tipos de servicios: mensajería instantánea, videoconferencias, streaming de video. La distinción entre tráfico automatizado y tráfico humano se ha convertido en un desafío para el dimensionamiento de redes informáticas y la seguridad de los dispositivos conectados.
Usos diarios e infraestructura: lo que cada clic moviliza
Cuando un usuario carga una página web, su solicitud atraviesa su red local (Wi-Fi o Ethernet hacia el router del proveedor de acceso), asciende hacia un punto de presencia regional, potencialmente pasa por un cable submarino, llega a un servidor alojado en un centro de datos, y luego el camino inverso trae los paquetes de respuesta.
Cada página cargada implica decenas de intercambios DNS, TCP y TLS antes de que el primer byte de contenido aparezca en la pantalla. La resolución DNS traduce un nombre de dominio en una dirección IP. La conexión TCP establece un canal confiable. El handshake TLS cifra la comunicación.
Los grandes proveedores de contenido, que representan aproximadamente el 75 % del ancho de banda internacional utilizado según TeleGeography, han desplegado servidores de caché lo más cerca posible de los usuarios para reducir la latencia. Esta estrategia redistribuye la topología lógica de la red: un video consultado en Lyon no necesariamente se sirve desde un centro de datos estadounidense, sino desde un punto de presencia ubicado en Francia.
La clave que resume el estado actual de la red mundial es un hecho: la mayoría del tráfico de Internet ya no proviene de humanos, y tres cuartas partes del ancho de banda internacional son consumidas por un puñado de actores del cloud y del contenido. La estructura física y lógica de Internet se adapta a esta realidad, con protocolos cada vez más sofisticados y una infraestructura submarina cuya fragilidad sigue siendo subestimada.



